jueves, 14 de febrero de 2008

EL AMOR


Me siento asqueado de tanta mala publicidad a este sentimiento y de la mercadotecnia que solo obedece sus fines egocéntricos de fomentar el consumismo aprovechándose de algo tan bello y vulnerable como el amor.

El amor no debe expresarse dentro de los límites de un solo día, sino que debe permanecer a lo largo de la vida de cada una de las personas; no debe ser algo efímero que brote con la euforia, ni que se desvanezca con los tiempos difíciles, debe ser firme.

Es bien sabido que en los momentos de crisis es cuando se puede observar al amor en su mayor expresión, y que el amor debe pasar la prueba de fuego para ser purificado de las impurezas que lo rodean; pero no quiere decir que sólo en esos tiempos debe emanar de nuestro ser dicho sentimiento, debe de demostrarse siempre.

Una de las cosas de las que me preocupo es el amor en tiempos de prosperidad, puede sonar absurdo pero al explicar mis razones tal vez dejen de pensar así. Uno puede vivir felizmente, sin momentos críticos y nada más que desear; porque todo lo que necesitan o quieren ya les fue otorgado, empezando así una vida rutinaria y monótona; anhelando que algo diferente suceda, extinguiéndose poco a poco las llamas del amor sin darnos cuenta, hasta llegar al punto de ser tan fríos como la misma Antártica; no digo que sea mala la prosperidad, pero en ocasiones opaca nuestros sentimientos, no expresando así, lo que realmente hay dentro de nosotros. Así concluyo este pequeño espacio dedicado al AMOR.

INSTINTO DE SUPERVIVENCIA


Para poder empezar a hablar de éste, debemos primero definir la palabra instinto el cual se refiere a: "Conjunto hipotético de secuencias motrices innatas, preprogramado en el sistema nervioso y permitiendo la realización, sin ningún aprendizaje, de comportamientos adaptados”.

Pasando esta semana por momentos de stress físico, psicológico y emocional (no porque yo lo haya querido, sino porque a una roñosa madre naturaleza se le ocurrió hacer temblar el suelo en el que vivo) me percaté de que carezco de instinto de supervivencia, no sé en que momento de mi vida fui privado de éste (podría decir que no fui el único) a algún programador que se ocupó de mi sistema cuando yo estaba sólo e indefenso en el vientre de mi madre, se le olvidó cargar el software de “Instintos de supervivencia 1.0” me hubiera conformado con el más obsoleto de los programas, pero al parecer ya se habían agotado para cuando yo llegué a este mundo. Prosiguiendo con mi carencia de instinto de supervivencia, el primer sismo registrado de 5.4 grados de intensidad de la escala de Richter (viernes 8 de febrero), me encontraba yo en la “seguridad” de mi casa, detrás de mi laptop chateando con diversos amigos; muy contento me encontraba; cuando fui sorprendido por temblores que sacudían mi hogar, mi colonia, y el municipio donde me encuentro. Mi reacción en el momento fue “que no tuve reacción”, me quedé sentado esperando a que pasaran dichas oscilaciones, unos cuantos segundos (por no decir muchos) me valieron para razonar que mi integridad física estaría mejor protegida fuera de una estructura rodeado de cuatro paredes, por lo que procedí a salir de mi casa; esta experiencia sería una de tantas que ocurrirían dentro de estos 6 días.

El fin de semana se registraron varios sismos (réplicas) del original, con intensidades menores; parece ser que el sismo del viernes no había sido suficiente para despertar mi instinto.

Llegó la mañana del lunes, asistí a mi primera práctica del día en la Clínica N°30 de especialidades del I.M.S.S.; pasadas las 9:30am me encontraba yo en la escuela con un par de amigas disponiéndonos a presentarnos a la clínica de Pediatría en el H.G.M. pero por azares del destino decidimos ignorar esta clínica y permanecer en una banca situada en las afueras del edificio de la biblioteca de la Facultad de Medicina. Nos encontrábamos los tres platicando de nuestra experiencia previa con el temblor, cuando sin avisar ocurre un sismo de igual magnitud del viernes, que nos hizo tambalear en nuestras posaderas, ver como era sacudida la infraestructura de la Facultad, los árboles, la tierra y observar como las personas salían desesperadamente del edificio de biblioteca; mientras el sismo se presentaba todavía, nosotros permanecíamos inmutables ante aquellas oscilaciones, hasta que se abrieron las ventanas de los cielos e iluminaron nuestro ser, fue que nos levantamos y nos dirigimos hacia un espacio abierto, lejos del árbol que se encontraba atrás de nosotros. Esto no acabó ahí después se presentaron más sismos, con más experiencias semejantes, pero creo que quedó bien resumido en el texto anterior.

Tal vez sea culpa de la educación que hemos recibido a lo largo de la carrera, que nos han enseñado a razonar antes de hacer cualquier cosa (entiéndase que trato de defenderme) pero de alguna manera u otra es necesario estimular estos instintos, que en situaciones de adversidad, puedan salvarnos la vida.

Así que váyanse buscando y comprando un buen Software de "Instintos de supervivencia"; procuren adquirir la versión más actualizada que contenga: el famoso triángulo de la vida para sismos, que hacer en caso de incendio, que hacer en caso de Tsunami, etc.