Para poder empezar a hablar de éste, debemos primero definir la palabra instinto el cual se refiere a: "Conjunto hipotético de secuencias motrices innatas, preprogramado en el sistema nervioso y permitiendo la realización, sin ningún aprendizaje, de comportamientos adaptados”.
Pasando esta semana por momentos de stress físico, psicológico y emocional (no porque yo lo haya querido, sino porque a una roñosa madre naturaleza se le ocurrió hacer temblar el suelo en el que vivo) me percaté de que carezco de instinto de supervivencia, no sé en que momento de mi vida fui privado de éste (podría decir que no fui el único) a algún programador que se ocupó de mi sistema cuando yo estaba sólo e indefenso en el vientre de mi madre, se le olvidó cargar el software de “Instintos de supervivencia 1.0” me hubiera conformado con el más obsoleto de los programas, pero al parecer ya se habían agotado para cuando yo llegué a este mundo. Prosiguiendo con mi carencia de instinto de supervivencia, el primer sismo registrado de 5.4 grados de intensidad de la escala de Richter (viernes 8 de febrero), me encontraba yo en la “seguridad” de mi casa, detrás de mi laptop chateando con diversos amigos; muy contento me encontraba; cuando fui sorprendido por temblores que sacudían mi hogar, mi colonia, y el municipio donde me encuentro. Mi reacción en el momento fue “que no tuve reacción”, me quedé sentado esperando a que pasaran dichas oscilaciones, unos cuantos segundos (por no decir muchos) me valieron para razonar que mi integridad física estaría mejor protegida fuera de una estructura rodeado de cuatro paredes, por lo que procedí a salir de mi casa; esta experiencia sería una de tantas que ocurrirían dentro de estos 6 días.
El fin de semana se registraron varios sismos (réplicas) del original, con intensidades menores; parece ser que el sismo del viernes no había sido suficiente para despertar mi instinto.
Llegó la mañana del lunes, asistí a mi primera práctica del día en la Clínica N°30 de especialidades del I.M.S.S.; pasadas las 9:30am me encontraba yo en la escuela con un par de amigas disponiéndonos a presentarnos a la clínica de Pediatría en el H.G.M. pero por azares del destino decidimos ignorar esta clínica y permanecer en una banca situada en las afueras del edificio de la biblioteca de la Facultad de Medicina. Nos encontrábamos los tres platicando de nuestra experiencia previa con el temblor, cuando sin avisar ocurre un sismo de igual magnitud del viernes, que nos hizo tambalear en nuestras posaderas, ver como era sacudida la infraestructura de la Facultad, los árboles, la tierra y observar como las personas salían desesperadamente del edificio de biblioteca; mientras el sismo se presentaba todavía, nosotros permanecíamos inmutables ante aquellas oscilaciones, hasta que se abrieron las ventanas de los cielos e iluminaron nuestro ser, fue que nos levantamos y nos dirigimos hacia un espacio abierto, lejos del árbol que se encontraba atrás de nosotros. Esto no acabó ahí después se presentaron más sismos, con más experiencias semejantes, pero creo que quedó bien resumido en el texto anterior.
Tal vez sea culpa de la educación que hemos recibido a lo largo de la carrera, que nos han enseñado a razonar antes de hacer cualquier cosa (entiéndase que trato de defenderme) pero de alguna manera u otra es necesario estimular estos instintos, que en situaciones de adversidad, puedan salvarnos la vida.
Así que váyanse buscando y comprando un buen Software de "Instintos de supervivencia"; procuren adquirir la versión más actualizada que contenga: el famoso triángulo de la vida para sismos, que hacer en caso de incendio, que hacer en caso de Tsunami, etc.